INTERNACIONAL
Guerra en Ucrania

La guerrilla bielorrusa se entrena para derrocar a Lukashenko

Cerca de un millar de voluntarios de ese país se han alistado en las filas ucranianas mientras que la oposición prepara en Polonia un plan para lanzar una revuelta armada contra el dictador

Voluntarios bielorrusos entrenan en Varsovia.
Voluntarios bielorrusos entrenan en Varsovia.AP
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La llamada "Casa Bielorrusa" de Polonia solía formar parte de la delegación diplomática francesa hasta que las autoridades locales se la cedieron a la oposición del vecino país. Ahora, su fachada se encuentra cubierta con una enorme bandera blanca y roja -el estandarte adoptado por los antagonistas de Alexander Lukashenko- y sus muros aparecen decorados con pinturas de la última exposición apadrinada por esta organización.

Lienzos que lo mismo recogen al autócrata siendo sumergido por la arena que cae en un reloj donde se lee "el tiempo se acaba", que a sus fuerzas represivas evolucionando hasta volver a ser meros primates. La exhibición, titulada "El despertar de Bielorrusia", fue el resultado del trabajo de más de una veintena de artistas de esa nación a los que se pidió reflejar el espíritu de la revuelta que sacudió al país en 2020. La paloma de la paz todavía encuentra un hueco en muchas de sus creaciones en recuerdo de la resistencia no violenta que mantuvieron los manifestantes pese a la feroz represión que enfrentaron en aquellos meses.

Brovar -el bielorruso de 30 años se identifica con su apodo de "guerra"- hace tiempo que abandonó cualquier esperanza de que la oposición pacífica pueda acabar con la autocracia de Lukashenko. No se le han olvidado las golpizas que sufrió en Minsk a manos de la policía del régimen en aquellos días de agosto del 2020.

Aunque se negó a sumarse al notable éxodo de opositores que huyeron al extranjero tras la revuelta de aquellas fechas, tras el inicio de la invasión de Ucrania el bielorruso se trasladó hasta Kiev y se alistó en el Regimiento Kalinouski, integrado por ciudadanos de su país.

El combatiente acude a la entrevista con el uniforme ucraniano adornado con el escudo que recuerda la figura del escritor Kastus Kalinouski, que lideró una revuelta contra el imperio ruso en 1863, fue ejecutado por ese motivo y se ha convertido en un personaje icónico para el nacionalismo bielorruso.

"Hemos tomado las armas porque Lukashenko no nos dio otra opción. Peleamos en Ucrania pero ese es sólo el primer paso. Aquí estamos formando el núcleo de un ejército para combatir en Bielorrusia contra la ocupación rusa", afirma Brovar, sentado en un céntrico hotel de Kiev.

Días antes, en las citadas instalaciones de la "Casa Bielorrusa" de Varsovia -que ejerce como oficina de reclutamiento de esta unidad-, Pavel Kukhta y otros miembros del grupo armado se expresaban en términos similares. "La resistencia pacífica fue un gran error. Si hubiéramos creado grupos de autodefensa en aquellos momentos (2020), cuando Lukashenko era débil, la historia sería muy diferente. El poder sólo respeta al poder", declaró uno de los presentes.

Kukhta tenía 18 años cuando se enroló en las fuerzas ucranianas en 2016. Incluso siendo tan joven, el bielorruso estaba convencido de que a su país y Ucrania les unía un lazo indivisible: "Un enemigo común, Rusia".

Moscú se había anexionado Crimea y después apadrinó las sucesivas revueltas que se produjeron en el este ucraniano en 2014. "Rusia sólo genera cosas diabólicas", añade el dirigente del Regimiento Kalinouski.

En aquellos años el número de combatientes bielorrusos era mucho menor que el actual y no se limitaba a las filas leales a Kiev. Varios voluntarios del mismo origen se incorporaron al lado rebelde.

La participación de los opositores bielorrusos en las acciones ucranianas contrarias a Moscú datan incluso de antes de la llegada de Pavel a Kiev. Lo recuerdan las calles de esta capital. No lejos de la plaza de Maidán, el centro simbólico de la metrópoli, se puede divisar un retrato de Mikhail Zhyzneuski, abatido durante la revuelta de 2014 que propició la salida del poder del presidente prorruso Viktor Yanukovych.

El líder estudiantil Kolya Rybytka coloca la bandera de la oposición bielorrusa en el monumento a Gregory Skovoroda de Kiev, en agosto de 2020.
El líder estudiantil Kolya Rybytka coloca la bandera de la oposición bielorrusa en el monumento a Gregory Skovoroda de Kiev, en agosto de 2020.ALBERT LORES

La imagen del chaval vuelve a encontrarse entre el terceto de rostros a los que rinde honor el memorial erigido en la "Casa Bielorrusia". Dos de ellos fallecieron peleando en la provincia de Donetsk, en Donbás, en 2015, integrados en el mismo Grupo Táctico de Bielorrusos en el que peleó Kukhta.

"No tengo miedo de los (cohetes) Grad en la noche, ni de las balas durante el día, ni de las ametralladoras mientras disparan. Me río de la sombra de la muerte, porque estoy dando mi vida por mi tierra", se lee en un poema grabado en placas de mármol.

"Nuestro objetivo es liberar tanto Ucrania como Bielorrusia", asegura Kukhta.

El centro de Kiev lleva varias jornadas adornado con decenas de banderas nacionales y algunas bielorrusas en recuerdo de los al menos 10 uniformados de ese origen caídos desde el inicio de la invasión de febrero. Los últimos fallecidos fueron abatidos cerca de la ciudad de Lysichansk a principios de julio. Una refriega que le costó la vida a uno de los "comandantes" más carismáticos del su unidad: Ivan Marchuk.

Sólo pudieron escapar tres de los nueve integrantes de la patrulla. "Cuatro murieron y dos fueron capturados por los rusos", dice Brovar. El fue uno de los agraciados. Un obús estalló a su lado, desgarrando a uno de sus compañeros y provocándole una contusión craneal. El militar se recupera en la villa ucraniana de las secuelas que le dejó el suceso, que le dejó inmovilizado.

"Conseguí arrastrarme hasta una arboleda y me oculté. Después seguí caminando hasta una posición ucraniana y ya no recuerdo nada más", relata.

El Batallón Kalinouski se formó en marzo pasado en torno a los bielorrusos que ya llevaban años encuadrados en las filas ucranianas. Kukhta indica que son más de un millar de soldados, lo que les ha permitido pasara constituir un regimiento.

La última vez que el periodista se encontró con Pavel Latushko, el antiguo ministro de Cultura de Lukashenko era quizás el último dirigente de la oposición que permanecía en Minsk. Entonces seguía defendiendo que la "vía pacífica" era "la única opción".

Latushko también tuvo que exiliarse en Polonia en septiembre del 2020 y tampoco confía ya en reemplazar al hombre fuerte de Bielorrusia con esos métodos. Tanto él como la principal jefa de filas de la oposición, Svetlana Tijanovskaya, no ocultan su apoyo a los bielorrusos que lucha en Ucrania que para esta última podrían ser el embrión de un nuevo "ejercito" ajeno al ideario de la dictadura.

"Sí, establecer un Movimiento de Liberación Nacional armado forma parte de nuestros planes", apunta Latushko.

Quien fuera también portavoz del ministerio de Exteriores y embajador en varias capitales europeas, muestra uno de los canales de información bielorrusos que sigue en su teléfono móvil y cuenta el número de activistas de su país que han sido condenados a largas penas de prisión.

"Es algo que sigue pasando a diario. En 2020 esperábamos un apoyo más decidido de la comunidad internacional, pero no llegó. No nos queda otra alternativa", agrega.

La agresión rusa contra Ucrania ha colocado a Lukashenko en una compleja situación, atrapado entre la presión del Kremlin para que intensifique su apoyo, la oposición generalizada a que Minsk envíe militares a ese país que detectan las encuestas y el progresivo deterioro de la economía local, que está acelerando las sanciones internacionales.

Según las fuerzas armadas de Kiev, la mitad de los misiles rusos lanzados contra Ucrania en los tres primeros meses de esta arremetida procedían del territorio bielorruso -"más de 700 cohetes", estima Pavel Latushko-, que también sirvió como retaguardia logística para el ejército de Moscú.

"Puede que no haya enviado a su ejército pero Bielorrusia es un país agresor ya que ha dejado que su territorio sea usado para atacar Ucrania", precisa Latushko.

El día 3 de julio el propio autócrata se vanaglorió públicamente de la implicación de sus fuerzas en el conflicto ucraniano y dijo que Bielorrusia es "el único país que apoya a Rusia en esta lucha". "Hemos creado de manera virtual un ejército unificado. Yo definí hace tiempo nuestra participación en la 'operación especial'", añadió Lukashenko usando la terminología rusa para referirse a la invasión de Ucrania a sólo pocas jornadas de que su territorio sirviera otra vez como plataforma para un ataque masivo de misiles contra ciudades claves de la vecina nación como Kiev

Según informaba hace días el Instituto para el Estudio de la Guerra, Minsk ha intensificado su apoyo al esfuerzo militar ruso otorgando acceso a su espacio aéreo. Un alto cargo del ejército ucraniano, Oleksiy Gromov, afirmó el pasado día 7 que Bielorrusia ha "transferido el control" del estratégico aeropuerto bielorruso de Pribytki -situado a sólo 25 kilómetros de la linde con Ucrania- a la aviación de Moscú.

"Lukashenko está intentando brindar apoyo a la guerra de Rusia sin una intervención militar directa para responder a la presión que está ejerciendo Putin. La probabilidad de una participación directa sigue siendo baja debido al efecto que podría tener sobre la estabilidad e incluso la supervivencia del régimen de Lukashenko", escribió el think tank en su análisis sobre el conflicto.

"Si invaden Ucrania, les atacaremos. No serían soldados bielorrusos sino de Lukashenko", opina Ukrop, un doctor de 33 años integrado en el Regimiento Kalinouski.

Al mismo tiempo, la oposición violenta a Lukashenko ha comenzado también a estructurarse en el interior del país, lo que a su vez ha propiciado que el régimen redoble la represión. En mayo, las autoridades extendieron los supuestos en los que se permite aplicar la pena capital y poco después apretó su acoso a los sindicatos independientes.

Las propias fuerzas del autócrata han admitido la detención de decenas de personas vinculadas a actos de sabotaje en las líneas férreas que pretenden bloquear la logística de los militares rusos que usan el país. La oposición les apoda "la guerrilla del ferrocarril".

"Bielorrusia es una tierra de partisanos. Nuestros héroes están deteniendo a los trenes rusos, dañan su material y reparten folletos para evitar que las tropas de Bielorrusia entren en Ucrania. Ucrania prevalecerá y Bielorrusia también será liberada", escribió ya en un tuit el pasado mes de marzo Franak Viacorka, uno de los asesores más significados de Tijanovskaya.

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