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El 2 de abril de 2025, el día después al de los Santos Inocentes en Estados Unidos, pasará a la historia no como "uno de los días más importantes en la historia de Estados Unidos" o "nuestra Declaración de Independencia Económica", en las palabras eufóricas de Donald Trump parafraseado a los Padres Fundadores, sino como el día en el que el sistema de cooperación internacional que nació de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial, y se construyó durante décadas, se vino abajo.
Este miércoles, el presidente de Estados Unidos, rodeado de su plana mayor, ha anunciado el mayor retroceso en el libre comercio en dos siglos y medio de vida de su República. La puntilla para la Organización Mundial del Comercio y el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (Gatt), con un batería de aranceles sin precedentes a prácticamente todos los productos, sin distinguir entre amigos y enemigos, aliados y rivales, vecinos y lejanos. De un 10% como base para todo el planeta, por ejemplo Reino Unido, pero de mucho más a quienes considera que son peores. Un 20% a la Unión Europea, un 34% a China (a los que sumar otro 20%), un 24% a Japón o un 26% a la India. Un 17% a Israel, que ayer anunció que eliminaba todas las restricciones a productos norteamericanos. Pero incluso mucho más, un 46% a Vietnam o un 49% a Camboya, a donde muchos fabricantes se fueron para evitar el castigo a Pekín. Un 31% a Suiza o un 32% a Indonesia, entre otros. El Gobierno no ha aclarado qué pasa con Rusia o Bielorrusia, que no salen en los listados.
Un shock sin comparación posible, traumático, imposible de relativizar pero también de describir con los marcos habituales. Todo ello, además, sin contar siquiera que determinados productos, como todos los coches fabricados fuera de EEUU, tendrán un 25% como mínimo. O el acero y el aluminio. O los aranceles ya impuestos en las últimas semanas, como los de China, que tenía un 20% de recargo al que según la Casa Blanca se le sumaría ahora otro 34%. O los que pueden llegar, como los indirectos al petróleo de Venezuela, que podrían ser adicionales y no sustitutivos.
"Calcularemos la tasa combinada de todos sus aranceles, barreras no monetarias y otras formas de fraude. Y porque estamos siendo muy amables, somos gente amable", ha dicho entre aplausos y risas de su equipo. "Les cobraremos aproximadamente la mitad de lo que ellos cobran y nos han estado cobrando, así que los aranceles no serán totalmente recíprocos. Podría haberlo hecho, sí, pero habría sido difícil para muchos países", ha añadido. Un dato llamativo es que la administración arremete durísimamente contra Asia, con porcentajes devastadores, pero deja a América Latina en la tarifa base o muy cerca, como norma general.
Las medidas entrarán en vigor de forma escalonada. Hoy mismo a medianoche, los recargos a los aranceles. A medianoche del 5 de abril, la tarifa base del 105 para todos los socios comerciales. Y el 9 de abril, en una semana, los aranceles mal denominados recíprocos, que incluyen los europeos. Según la documentación enviada hoy, hay sin embargo algunas exenciones por ahora. Productos farmacéuticos, semiconductores, madera, algunos metales y minerales no disponibles en EEUU.
Una invocación problemática
Trump ha invocado para esta vorágine la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA), una ley que sin duda va a llevar el caso a los tribunales, ya que ésta exige que exista una "amenaza inusual y extraordinaria", y difícilmente un déficit comercial cuenta como ello. Con todo, es complicado que un tribunal anule la decisión de Trump, por lo que le corresponde al Congreso actuar si quiere frenarlo. Y sólo un reducido grupo de republicanos ha mostrado por ahora su oposición firme a esta declaración de guerra comercial unilateral.
Lo anunciado hoy no afecta a Canadá y México, para las que hay legislación específica. Esto significa que los productos que cumplen con el tratado comercial, el T-MEC, seguirán sujetos a un arancel del 0%, los que no lo cumplen, a un arancel del 25%, y los productos de energía y potasa que no lo cumplen, a un arancel del 10%. Si las órdenes ejecutivas sobre el "fentanilo/migración" decayeran, los productos que cumplen con el T-MEC seguirán recibiendo trato preferencial, mientras que los que no, estarán sujetos a un arancel recíproco del 12%.
En los últimos días, los medios locales habían escrito que había serias dudas en el equipo económico sobre qué hacer o qué querría el presidente, e incluso indicaban que habría prudencia y que al final se optaría por una medida en la parte baja de la horquilla. No ha sido en absoluto. Trump ha decidido apostar a lo grande, a pesar de la reacción de los mercados en el último mes, a pesar del posible repunte de la inflación, de las advertencias de la Reserva Federal.
Donald Trump cree que la economía es un juego de suma cero y que para que él y su país puedan ganar, el resto tienen que perder. Sostiene que el mundo entero lleva décadas abusando de la benevolencia de la primera potencia mundial. Y que los aranceles traerán no sólo "justicia" y "equilibrio", sino riqueza, prosperidad, empleos y bajadas de impuestos. "De 1789 a 1913, fuimos una nación respaldada por aranceles, y Estados Unidos fue proporcionalmente el país más rico de su historia. Tan rico, de hecho, que en la década de 1880 establecieron una comisión para decidir qué hacer con las enormes sumas de dinero que recaudaban. Recaudábamos tanto dinero tan rápido que no sabíamos qué hacer con él. Luego, en 1913, por razones desconocidas para la humanidad, establecieron el impuesto sobre la renta para que los ciudadanos, en lugar de que los países extranjeros pagaran el dinero necesario para el funcionamiento de nuestro gobierno. Y en 1929, todo tuvo un final muy abrupto con la Gran Depresión, y esto nunca habría sucedido si se hubieran mantenido la política arancelaria. Habría sido una historia muy diferente", ha dicho con su particular visión de la historia.
La reacción entre sus hasta ahora socios y aliados es de incredulidad, impotencia, rabia. La Casa Blanca ha calculado esos presuntos aranceles y restricciones, por ejemplo los europeos, con un dedo al aire, incorporando lo que quiere sin ningún tipo de rigor o criterio, con una obsesión de largo plazo con el IVA, sin entender en absoluto su funcionamiento. Pero también incorporando impuestos nacionales que nada tiene que ver con el comercio internacional.
Según un ránking de la Heritage Foundation, un think tank conservador muy del gusto de la administración, Estados Unidos ocupa el 69º lugar ahora mismo en libertad comercial. Esto es, hay 68 países en todo el mundo con menos aranceles, trabas y barreras, pese a la retórica del presidente.
"Durante décadas, nuestro país ha sido saqueado, violado y expoliado por naciones cercanas y lejanas, amigas y enemigas. Trabajadores siderúrgicos, automotrices, agricultores y artesanos cualificados estadounidenses, muchos de ellos aquí hoy con nosotros, han sufrido profundamente, viendo con angustia cómo líderes extranjeros nos robaban el trabajo. Los extranjeros han saqueado nuestras fábricas y recolectores extranjeros han destrozado nuestro otrora hermoso sueño americano. Pero esto ya no va a suceder. No va a suceder", ha dicho desde los jardines de la Casa Blanca. "Voy a firmar una histórica Orden Ejecutiva que impone aranceles recíprocos a países de todo el mundo. Eso significa que ellos nos lo hacen a nosotros y nosotros se lo hacemos a ellos. Muy simple", resumió.
Trump ha puesto ejemplos de lo que considera saqueo y abusos, "ataques feroces a nuestros trabajadores". Estados Unidos, ha dicho, "cobra a otros países solo un arancel del 2,4% en motocicletas. Mientras tanto, Tailandia y otros están cobrando precios mucho más altos, como el 60%, India cobra el 70%, Vietnam cobra el 75% y otros son incluso más altos que eso. De igual manera, hasta hoy, Estados Unidos ha cobrado durante décadas un arancel del 2,5% a automóviles fabricados en el extranjero. La Unión Europea nos cobra más del 10%, y tienen un IVA del 20%, mucho, mucho más alto. India cobra el 70% y quizás lo peor de todo son las restricciones no monetarias impuestas por Corea del Sur, Japón y muchas otras naciones como resultado de estas colosales barreras comerciales. El 81% de los coches en Corea del Sur se fabrican en Corea del Sur. El 94% de los autos en Japón se fabrican en Japón. Toyota vende un millón de automóviles fabricados en el extranjero a Estados Unidos. Y General Motors vende casi ninguno. Ford vende muy poco. Ninguna de nuestras empresas tiene permitido entrar en otros países. En muchos casos, el amigo es peor que el enemigo en términos comerciales" ha reprochado, culpando a sus aliados de los "horrendos desequilibrios que han devastado nuestra base industrial y puesto en riesgo nuestra seguridad nacional. No culpo en absoluto a estos otros países por esta calamidad. Culpo a los expresidentes y líderes que no hicieron su trabajo", dijo arremetiendo contra sus predecesores.
La advertencia de Reagan contra la demagogia
Durante su intervención, Trump ha invitado a hablar a un trabajador del motor de Detroit que ha explicando que su primer voto fue en los años a Ronald Reagan, del que siempre pensó que era "el mejor presidente hasta que llegó Donald J. Trump. En noviembre de 1988, el Día de Acción de Gracias, Ronald Reagan, uno de los grandes símbolos e ídolos del Partido Republicano, habló precisamente sobre la importancia del comercio y las libertades en su programa de radio de los sábados. Su intervención, que salió a la superficie mucho en el primer mandato de Trump, se viralizado de nuevo esta semana. En la alocución, el presidente recalcaba que "durante los últimos 200 años, el argumento contra los aranceles y las barreras comerciales no solo ha obtenido un consenso casi universal entre los economistas, sino que también ha demostrado su eficacia en el mundo real, donde hemos visto a naciones de libre comercio prosperar mientras que los países proteccionistas se quedan atrás".
Y en concreto, alertaba de que "el experimento más reciente de Estados Unidos con el proteccionismo fue un desastre para los trabajadores. Cuando el Congreso aprobó el arancel Smoot-Hawley en 1930, se nos dijo que protegería a Estados Unidos de la competencia extranjera y salvaría empleos en el país; la misma frase que escuchamos hoy. El resultado real fue la Gran Depresión, la peor catástrofe económica de nuestra historia".
Reagan, a diferencia del Partido Republicano hoy, que sigue con entusiasmo o en silencio al presidente Trump, se mostraba orgullo del pueblo estadounidense por haberse "mantenido fiel a su legado al rechazar el canto de sirena del proteccionismo" y concluía que "nuestros socios comerciales pacíficos no son nuestros enemigos. Son nuestros aliados. Debemos tener cuidado con los demagogos que están dispuestos a declarar una guerra comercial contra nuestros amigos, debilitando nuestra economía, nuestra seguridad nacional y a todo el mundo libre. Todo ello mientras ondean cínicamente la bandera estadounidense. La expansión de la economía internacional no es una invasión extranjera; es un triunfo estadounidense, por el que trabajamos arduamente, y algo fundamental para nuestra visión de un mundo pacífico, próspero y libre". Unas palabras ajenas para el mainstream económico de la Casa Blanca hoy.