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Elton John apenas puede caminar. Un día después de cumplir los 78 años, su movilidad es la menor que la de una persona de 90. Con la cara tapada por unas oscuras gafas de sol de las entre 10.000 y 15.000 que tiene -ni él mismo recuerda la cifra, ni siquiera aproximada- el intérprete de Rocket Man entró y salió del escenario del archifamoso teatro londinense Palladium el pasado viernes agarrado del brazo de Brandi Carlile, con quien ha grabado el álbum de duetos Who Believes in Angels? que se pone a la venta el 4 de abril.
Una hora y 34 minutos después, los 2.200 fans que llenaban el teatro habían recibido de Elton John un bombardeo musical. Había sido una mutación. "La Reina Madre" del pop -como le llamó Roger Waters, de Pink Floyd, alguien con la lengua tan afilada como él- se había transmutado en la Reina Victoria en cuanto se sentó al piano. No era la misma persona. Con una voz impecable y el mismo dominio de las teclas que lleva ejerciendo desde hace cinco décadas y media, Elton John repasó, con la ayuda de Carlile, varios temas de Who Believes in Angels, una colección de clásicos de su carrera y algunos temas de los cincuenta.
Los mejores momentos, evidentemente, fueron los que John interpretó él solo al piano, con la también formidable voz de Carlile, una cantante y guitarrista de country y heartland rock muy popular en Estados Unidos, que es fan de Elton John desde que era niña y cuya fama a este lado del Atlántico no es mucha. A ellos se unió una banda de siete músicos en la que destacó la marcha de Chad Smith, el batería de Red Hot Chilli Peppers y la guitarra de Andrew Watt, el productor del disco, que también ha dirigido las grabaciones de la mitad del estrellato pop y rock mundial, desde Justin Bieber hasta Ozzy Osbourne, pasando por Lady Gaga, Demi Lovato, Miley Cyrus o los Rolling Stones.
La prensa británica, con el Guardian a la cabeza, ha defendido Who Believes in Angels como el mejor trabajo de John en décadas. En el coloquio que precedió al concierto, cuando parecía dudoso que el cantante fuera capaz de cantar nada, la estrella que está consolidada -John- y la que está en ciernes -Carlile- dejaron clara otra cosa: el parto del disco fue complicado.
Y más que nada, por él.
Elton John, que tiene fama de ser difícil en el estudio, confirmó esa tendencia. Rabietas, dudas constantes acerca del proyecto, y hasta un ataque de ansiedad provocado, aparentemente, por la idea de que a los 78 años es matemáticamente imposible que le quede mucho tiempo en esta vida, marcaron la grabación. Todo eso, además, con un detalle morboso: por primera vez en seis décadas, Elton John dejó entrar a un equipo de camarógrafos para filmar cómo trabaja.
John, dijo, también está afectado por la guerra de Gaza. "Me levantaba por la mañana y veía cómo Israel estaba invadiendo Gaza y no podía dejar de preguntarme: '¿Qué hacemos grabando un disco cuando está pasando esto?'", explicó. Carlile, por su parte, temió que todo el disco se fuera al garete: "Pasábamos las mañanas juntos, en pijama o en ropa interior, y Elton dijo un día: 'Éste no es el momento para hacer un disco. Esto es demasiado light para lo que está pasando. Si no podemos tocar lo que está sucediendo, vale más dejarlo'. Yo no supe qué decir".
Según ambos, lo que convenció al británico para volver a ponerse frente al micrófono fue la letra que la estadounidense escribió para la canción A Little Light. "Esa canción me recordó que soy músico, y que lo único que puedo hacer es crear música para que la gente se sienta más unida. Pensé: 'Olvídalo. No puedes hacer nada. Simplemente, crea música para unir a la gente".
John, sin embargo, no es tan pasivo (¿conformista? ¿derrotista?) con su gran obra humanitaria, la Fundación contra el Sida Elton John. Ahí, su actitud es muy pragmática. Preguntado por qué le parecía la actual posición del Gobierno de EEUU sobre las personas transgénero, que ha llevado a Dinamarca y Finlandia a recomendar cautela a sus ciudadanos que viajen a ese país, dio una respuesta muy diferente. "No voy a hablar porque tengo que seguir el juego de los políticos. Todos los presidentes de EEUU, incluyendo a Donald Trump en su primer mandato, nos han ayudado. Y ahora estoy dispuesto a ir a Estados Unidos para reunirme con él".