LA LECTURA
El libro de la Semana
Día de la Poesía

Mary Oliver, una mirada compasiva sobre los rincones de la naturaleza

'Devociones', amplia antología reunida por la autora, pone al alcance del lector español un corpus contundente de la obra de la estadounidense, una de las grandes poetas de la naturaleza, que tuvo una mirada total y un talento abrumador

La poeta estadounidense Mary Oliver.
La poeta estadounidense Mary Oliver.Mariana Cook
Actualizado

Con Mary Oliver (1935-2019) comenzábamos a correr ese mismo peligro de reducción en el que en buena medida se ha sumergido ya a otras poetas magníficas como Idea Vilariño (con la dichosa cantinela del "ya nunca"...) o Louise Glück (víctima de aquello tan sobrecitado sobre la infancia y la memoria...). De Oliver se repite ya en serie, de forma un tanto mecánica, aquello de: "¿qué es lo que planeáis hacer/ con vuestra única, preciosa y salvaje vida?", que cualquier día de éstos figurará en tazas, camisetas y bolsas de tela y que, previsiblemente, consta también en la faja de estas oportunas Devociones, un volumen de "poesía reunida" que no es, sin embargo, una "poesía completa", sino una amplia antología que la propia Oliver hizo en 2017.

De un tiempo a esta parte es frecuente que, a la hora de mostrar su obra, los poetas vayan de lo más reciente a lo más primerizo, invirtiendo la cronología, y aquí también sucede, lo cual no impide que el lector pueda asistir sin trabas a una evolución o, mejor, a una reafirmación. Al reordenar así la propia poesía lo que nos encontramos nada más comenzar es ya, de sopetón, la plenitud: no en vano Oliver tuvo la sabiduría de titular su libro de 2015, cuanto ya estaba enferma, Felicity, que Andreu Jaume, responsable del volumen, ha acertado a traducir como Alegría, tal vez la palabra más hermosa de la lengua española. Y esos primeros compases traen, además, un tono netamente dickinsoniano no sólo en la contemplación de la naturaleza (que fue y es el principal pilar de la obra de Mary Oliver) sino en el uso de la religión o la mitología: "¿Por qué la gente insiste en ver / las credenciales de Dios / cuando la tiniebla abriéndose al alba / es más que suficiente?"...

Es hermoso (y habitual) que un libro de poemas comience con un amanecer: no hay nada más sublime, más eternamente diario, más universal y más gratuito. Y aunque Oliver cae en el atajo fácil de calificar de "milagro", en el poema siguiente, a un hecho cotidiano natural (el nacimiento de unos polluelos de cardenal, concretamente), nos sirve para confirmar que su actitud es ésa, heredera en muchos sentidos (incluso en lo formal, en esos últimos libros) de la de la poeta.

Y, al igual que Emily Dickinson, Mary Oliver no cae en ningún tipo de santurronería ingenua a la hora de observar el mundo, quiero decir el lago, quiero decir el bosque o los caminos...: la naturaleza puede ser armónica, de acuerdo, y equilibrada, y desde luego hermosa, grandiosa, gloriosa... pero, salvo espejismos puntuales, de pacífica o de serena no tiene nada. La naturaleza es cruel y violenta hasta extremos difíciles de asimilar, y quien consiga sentirse o saberse parte de todo, una criatura más, emparentada con todo lo que respira, sufre al asistir a los procesos inevitables de la vida, por mucho que los acepte.

Devociones. Poesía reunida

Traducción de Andreu Jaume. Lumen. 776 páginas. 28,90 ¤ Ebook: 13,99 ¤
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Oliver expresó todo esto en un poema especialmente hermoso, titulado con buen humor "Tras leer a Lucrecio me voy al estanque": "El sapo verde y escurridizo / que halló la muerte / en el gaznate rosa de la garza / era mi hermano pequeño, / y la garza / con las blancas plumas / como una corona en la cabeza / que se lava ahora su gran pico espada / en el estanque de luz / es mi hermano alto y delgado. // Mi corazón se viste de negro / y baila".

Celebración y muerte van de la mano, como la satisfacción y el dolor, o la saciedad y la agonía. El panteísmo tiene eso: la piedad que se siente ante los débiles o los caídos es tan inmensa como la comprensión ante los fuertes o los predominantes, y se impone la obligación telúrica de ser imparcial: todo es una mezcla de luto y de gozo, y no hay que intervenir, sólo observar. Y por ello se justifica bien esa frecuencia con la que, desde el título general de esta selección, ha de recurrir la poeta a lo religioso, lo espiritual o lo bíblico para poder retratar lo común: igual que la temperatura influye en la vida, la Providencia condiciona el texto: "Setenta y siete años, oh Señor, para mirar las nubes".

La breve y sabia presentación de Andreu Jaume enfoca muy bien, de forma panorámica, la poesía de Oliver, pero, aunque toda mi admiración está desde hace mucho junto al trabajo del mallorquín (empezando por su propia poesía: fue excelente su libro del año pasado, Poemas de agua), es imposible pasar por alto algún desliz llamativo en la traducción, tal vez debido a un posible apresuramiento editorial.

Apenas sé inglés, pero me basta para sobresaltarme al ver que, en el poema "Arroz", "I don't want you just to sit down at the table. / I don't want you just to eat, and be content" se convierte en "No quiero solo sentarme a la mesa. / No quiero solo comer y estar bien", cuando obviamente remite a una segunda persona (algo así como "No quiero que os sentéis simplemente a la mesa"...) y, por otro lado, "be content" no puede ser en este caso "estar bien" sino "quedar satisfecho".

Del mismo modo, en "El conejo" (y prometo que no pretendo hacer una broma con el arroz y el conejo...), cuando se dice que "And the day after I've shoveled / the earth over"..., no puede ser, como propone Jaume, "Y al día siguiente ya he tapado / el hoyo", sino "Y al día siguiente de haber tapado / el hoyo", lo cual es decisivamente distinto.

Son detalles tal vez pequeños, pero no son irrelevantes: especialmente en una poesía como la de Mary Oliver, cualquier diminuta alteración del sentido implica la ruina de una gloria, una avería en la Creación. Lo cual, por supuesto, no debe disuadir a ningún buen lector de que se haga con estas Devociones, donde por fin tenemos en español un corpus contundente, el alzado de una mirada total y de un talento abrumador.