Antes de que la mecha de la Fórmula 1 prendiese oficialmente en Madrid, ya había un rincón del planeta que era contemplado fijamente desde la capital. Hablamos de Miami, la ciudad estadounidense que fue, casi desde aquella primera fantasía automovilística, el espejo en que los impulsores del Gran Premio se miraron para concebir una criatura que persigue un impacto similar. No sólo por lo estrictamente deportivo, con ese magnético trazado semiurbano de 5,4 kilómetros, sino por el puñado de experiencias culturales, gastronómicas y de entretenimiento, de atractivo show a la americana, que envuelve el asfalto durante esos tres días a toda velocidad. «Miami es nuestra referencia, porque ellos han hecho un circuito alrededor de un estadio [Hard Rock Stadium de los Dolphins] y nosotros queremos hacerlo alrededor de Ifema», suspiraba dos años atrás José Vicente de los Mozos, responsable del complejo madrileño. Ahora ya se sabe que en ese futuro circuito bautizado como Madring (de longitud casi idéntica al de Miami) está prevista la celebración de la primera prueba de F1 en la capital, el 6 de septiembre de 2026.
La escena ha cambiado bastante respecto a aquellos primeros viajes al paddock estadounidense , en 2023, de quienes han abanderado el proyecto. De hecho, hace apenas un mes, durante el Pleno municipal de febrero celebrado en el Ayuntamiento de Madrid, salió adelante (con los votos de PP y Vox) el plan especial sobre el Parque Ferial Juan Carlos I y su entorno para delimitar todos los detalles del trazado, donde están previstas unas tribunas para unos 112.000 espectadores. Unas obras que, como aseguró la semana pasada el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, contarán con su licencia antes de Semana Santa. Incluso ya ha trascendido que será Acciona quien se encargará de su construcción, con un presupuesto de 83 millones de euros.
En medio de todo este cóctel, con la Comunidad, el Consistorio e Ifema tirando del proyecto, y no siempre de forma coordinada, irrumpe en la agenda del regidor madrileño una visita institucional de dos días a Miami. Y en ella, aparte del encuentro de mañana con su homólogo de la ciudad norteamericana, Francis Suárez, o con la alcaldesa del Condado de Miami-Dade, Daniella Levine Cava, incluso de su promoción de la capital española en la Cámara de Comercio de Greater Miami, en busca de inversiones y empresas internacionales, todo ello durante este agitado martes, asoma una fecha, la del 2 de abril, de marcado acento deportivo. Donde todos los focos, como no puede ser de otra manera en estos días, apuntan hacia la Fórmula 1.
Y eso que, en Cibeles se mide con milimétrica precisión cada paso que dan y cada palabra que pronuncian sobre el asunto. Siempre hay alguna mirada (a veces amiga, otras enemiga) que no pierde detalle de cuánto ocurre en torno a ese Gran Premio que viene. Almeida visitará el miércoles las entrañas del Hard Rock Stadium donde juegan los Miami Dolphins de fútbol americano. Pero, también, el corazón del GP Miami de Fórmula 1, que vivirá su cuarta edición el próximo 4 de mayo. Allí, el regidor madrileño, según publicitó el propio Consistorio, se reunirá con Tom Garfinkel quien, aparte de ser presidente y CEO de los Dolphins de la NFL, es también manager de la cotizada prueba estadounidense (Formula One Miami Grand Prix), presente en el calendario del Mundial desde 2022. Es decir, cuando Madrid pensó que ese sueño era posible.
De los Gardens a Ifema
Como es lógico, buena parte de esa cita orbitará en torno a la organización de una carrera, la madrileña, que vive su cuenta atrás a ese 2026. Porque los lazos entre Miami y Madrid, también en esta cuestión de la Fórmula 1, son evidentes. Desde sus primeros días en el calendario, ha sido una inspiración deportiva y económicamente. Es decir, se busca que lo que acontezca a partir de 2026 entre los muros de Ifema no sea muy diferente, a todos los niveles posibles, de lo que viene sucediendo en los Miami Gardens. En este contexto también es clave la figura del octogenario magnate estadounidense Stephen M. Ross, promotor del Mutua Madrid Open de tenis y dueño, precisamente, de los Miami Dolphins. Es decir, del equipo que desembarcará en el Santiago Bernabéu el próximo 16 de noviembre para disputar un partido de la NFL.
Esa foto con Garfinkel, que lidera lo que Madrid busca con la Fórmula 1, es la que marcará parte de la agenda de Almeida, a pesar del empeño en Cibeles por subrayar esa otra cara más institucional, empresarial y económica. A pesar de querer que pase desapercibida. En esos 10 años de contrato firmados con Liberty, la empresa que gestiona la F1 esperan un impacto de 5.000 millones que, a priori, tampoco parece mal negocio.
Y todo, en un momento clave para esa eclosión definitiva de un circuito que aún tiene que sortear las voces disconformes de algunos vecinos de Valdebebas, quienes temen los ruidos que genere la competición, así como los atascos y los cortes de algunas de las vías principales más cercanas a ese asfalto de Madring. Quejas y problemas que caerán sobre las costillas del Ayuntamiento, más que sobre las de la CAM. A pesar de los recelos y dudas de la oposición, la ruta para esa primera carrera madrileña en 45 años, no tiene vuelta atrás.
Como ha quedado escrito, el viaje de Almeida a Miami no viene motivado por la F1. Incluso hará el saque de honor del partido de béisbol entre los Marlins y los Mets, antes de echar el cierre en la Cámara de Comercio Española, con las empresas que tienen sede en la zona. Sin embargo, esa cumbre (y esa foto) en el despacho principal del Hard Rock Stadium sí que estará cargada de simbolismo y servirá para seguir apuntalando los detalles (también en forma de patrocinios) de un Gran Premio que vigilan muchos ojos. Por eso en Cibeles se mide cada paso. Nadie quiere meter la pata, pero mucho menos quedarse atrás.