MADRID
Infraestructura

Cómo esconde Madrid 1.420 millones de litros de agua bajo tierra: el 'escudo' de los tanques de tormentas en la crisis por las lluvias sobre la región

La Comunidad cuenta con más de 70 instalaciones para recoger precipitaciones y proyecta más de 100 para hacer frente a futuras crisis como la actual

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En estas tensas y lluviosas jornadas vividas, el Manzanares se ha arrancado sin miramientos su etiqueta de aprendiz de río para mutar en amenaza de varios puntos de la región. Igual ocurre con el Guadarrama o el Jarama, que arañan la tierra que haga falta para soportar el agua desembalsada por las presas, a un ritmo de 60 metros cúbicos por segundo. Preocupa, como es lógico, todo lo que acontece en la superficie. Sin embargo, bajo tierra y sin hacer ruido, hay unos depósitos subterráneos que también arriman el hombro para que el escenario no empeore.

Se trata de los tanques de tormentas, entre cuyos hercúleos muros de hormigón se alojan hoy 1.420 millones de litros de agua. «Más o menos como un Santiago Bernabéu y medio. Ha llovido tanto que se han llenado», apunta Manuel Rodríguez Quesada, subdirector de Conservación de Infraestructuras del Canal de Isabel II, en conversación telefónica con GRAN MADRID. Esos 1,42 hectómetros cúbicos son también el consumo anual de una población de unos 15.000 habitantes. De no existir estas infraestructuras, con apenas 20 años de antigüedad en la región -el primero se construyó en Pozuelo, en 2004, y el último en Madrid en 2010-, la estampa madrileña, en la región y en la capital, sería bien distinta.

Y eso que, aunque en muchos puntos de España (hay cerca de 500) fueron concebidos para evitar problemas de inundaciones, la principal misión para la que se crearon en Madrid fue para proteger a ríos como el Manzanares, hoy caudaloso e imponente, pero habitualmente enclenque y vulnerable ante cualquier vertido. «Las precipitaciones caídas en este mes de marzo han lavado la ciudad de deposiciones de animales, aceites, grasas e incluso de los metales que arrastra la atmósfera. Pero esas primeras lluvias siempre son muy contaminantes, ya que todos los sedimentos se quedan en los colectores en tiempo seco y son arrastrados», detalla este responsable del Canal de Isabel II, puntualizando, eso sí, que quienes juegan un papel clave en el curso del río son las presas, que también gestionan la Confederación del Tajo, como la de El Pardo. Que esa labor es la que determina que no se pongan en peligro zonas frágiles ante una crecida y, también, la integridad del propio tanque.

Uno de los colectores del tanque de tormenta de Arroyofresno.
Uno de los colectores del tanque de tormenta de Arroyofresno.CANAL DE ISABEL II

Hay quién se pregunta qué pasa allí abajo durante estos días. Cómo es la vida en esos colosales estanques que, como en el caso del de Arroyofresno, que descansa bajo las entrañas del Club de Campo Villa de Madrid con sus seis flamantes plantas, es capaz de devorar 400.000 metro cúbicos de lluvia. Traducido: ocho veces más que el estanque de El Retiro y en disposición de retener la Torre Picasso llena de residuos. «En tiempo seco no hay trabajadores, más allá de los del mero mantenimiento. Cuando hay previsión de lluvia, vamos al tanque para comprobar que todo funcione perfectamente. Los días de precipitaciones hay que estar presentes allí, y cuando deja de llover tenemos que vaciarlos y coordinarnos con las depuradoras. En Madrid capital tenemos 36 tanques de tormentas que no se pueden vaciar a la vez porque saturaría la red».

Objetivo: 100 tanques más

Son 30 personas las que trabajan simultáneamente en esos cerca de 70 depósitos que hay ahora mismo en la región madrileña. Y hay proyectados otros 100 más para «contener el agua en futuros eventos extremos de lluvia», según detallan desde el Gobierno regional. Hay tanques como media piscina olímpica y otros, como el citado de Arroyofresno o Butarque, que son gigantescas obras de ingeniería en el subsuelo, imprescindibles hoy. Instalaciones que apenas se han llenado en una decena de ocasiones. Ésta ha sido una de ellas.

Y mientras todos miran al caudal de los ríos y están atentos a los latidos de las presas, los tanques madrileños, todos levantados en los mandatos municipales de Alberto Ruiz-Gallardón, aprovechando algunos la obra de Madrid Río, siguen engullendo y escupiendo (con calma y cuando ya no pueden más) miles de litros. «Dos semanas después de que cesen las lluvias, y una vez vacíos, los operarios se encargarán de limpiarlos de fango y sedimentos, para que estén listos el próximo episodio», zanja Manuel Quesada. Es la sigilosa rutina de unos tanques que no descansan cuando la lluvia asusta.