Desde hace días, se suceden las cumbres entre las administraciones madrileñas. El cielo no ha dado un segundo de tregua en el mes de marzo más lluvioso que se recuerda y por eso todos aprietan los dientes cuando miran hacia el río. Hacia un Manzanares que estos días luce porte de gran río a su paso por Madrid, pero que genera escalofríos en muchos puntos de la región, también en alguno de la capital, por ese riesgo de desborde. De ahí el frenesí de estas últimas jornadas, con el cónclave del miércoles por la noche donde, aparte de la Comunidad y el Ayuntamiento, también acudieron la Delegación del Gobierno o la Confederación del Tajo. Por eso ayer, tras pasar por la Asamblea, la máxima responsable de la región, Isabel Díaz Ayuso, presidiera la reunión de coordinación con los alcaldes de los municipios afectados por las lluvias, en la Agencia de Seguridad y Emergencias Madrid 112.
«Hemos vivido la pandemia, después Filomena y ahora esto. Nunca nos habíamos enfrentado a algo similar», deslizaban ayer los responsables políticos de Sol y Cibeles. Y es que, pese a llevar días con el radar activado, el miércoles por la tarde se disparó la preocupación entre las autoridades madrileñas. Ya no por el cielo, sino por las consecuencias del «peor episodio de lluvias en décadas», como lo definió Ayuso, sobre la región: la capacidad de los trece embalses de la región, el nivel de los ríos que bajan desde la Sierra hasta la capital, la cota de nieve cada vez más baja y el estado de las carreteras cercanas a barrancos y ramblas.
Ésta es de hecho la principal prioridad en estos momentos de la «gestión ejecutiva» de la crisis meteorológica que vive la Comunidad de Madrid: el desembalse de presas y el posible desbordamiento de los ríos Manzanares, Guadarrama y Jarama. La lección de lo sucedido en Valencia meses atrás ha calado en la sociedad pero, también, en la clase política. Ayer, se puso la lupa sobre la A-6, donde buena parte de las empresas en los polígonos de la zona optaron por el teletrabajo para limitar los desplazamientos. Además, las universidades han optado por suspender las clases ante el riesgo de inundaciones.
Cuestiones todas ellas monitorizadas por la Comunidad y supervisadas al más alto nivel. En un momento en el que tanto la izquierda como Vox han tratado de relacionar a Isabel Díaz Ayuso con Carlos Mazón, la presidenta regional busca trasladar una imagen de respuesta inmediata ante la emergencia e incluso de prevención. Ayer modificó su agenda para reunirse con los alcaldes de las zonas afectadas y anunció un paquete de ayudas de diez millones de euros para los pueblos de menos de 20.000 habitantes, pero los contactos entre Sol y las alcaldías de todo signo político vienen cruzándose desde hace más de dos semanas, según ha podido saber este diario. De hecho, el consejero de Presidencia, Miguel Ángel García Martín, se trasladó el pasado fin de semana a varios de los lugares más vigilados desde el punto de vista hidrológico, y que han sufrido daños por el temporal.
Además, el Gobierno regional tiene activado el sistema Dreincam de drenaje urbano, que a través de la Inteligencia Artificial busca adelantarse en la detección de riadas y proteger la masa de agua de los ríos. Para ello controla las dinámicas del agua recogida a través de más de 15.000 kilómetros de la red de alcantarillado del Canal Isabel II.
"No se descartan nuevas afecciones"
Se respiraba ayer cierta tensión también en los pasillos del Ayuntamiento, donde el Ejecutivo de José Luis Martínez-Almeida no descartaba afecciones en puntos de la capital como la zona de Puerta de Hierro, por donde discurre la A-6, o en el tramo de la M-30 próximo al ramal de la M-40, que a ultima hora de la noche del jueves tuvo que ser cortado. Los desembalses y la nieve en proceso de derretirse, mantenía el estómago encogido en más de un despacho municipal. «La situación más comprometida es la del Manzanares, por los desembalses de la presa de El Pardo», subrayaba la vicealcaldesa, Inma Sanz, delegada también de Seguridad y Emergencias.
Los servicios municipales trabajan en estos días coordinados a través del PAINUNAM (Plan de Actuación de Inundaciones del Ayuntamiento de Madrid), ante la crecida de los ríos. Y, sobre todo, porque ese ritmo de desembalse de 60 metros cúbicos por segundo se va a mantener durante un tiempo. Ayer, los Bomberos revisaban el paso del Manzanares bajo la A-6.
Sanz insistía en ese contacto permanente con la Confederación Hidrográfica, el Canal de Isabel II y la Comunidad mediante el 112, ante las incidencias que pueda haber tanto en el Manzanares como en el Jarama. «Que nadie se acerque al cauce del río en La Muñoza, en Rejas y en toda esa parte de vías auxiliares del aeropuerto», insistía Sanz, mientras se seguía advirtiendo en redes sociales que nadie atravesase las zonas balizadas ni se acerque a los tramos del río no encauzados. La lupa se ponía también en el puente de los Franceses.
«No descartamos que pueda haber afecciones en la A-6 o la M-30 (como así ocurrió anoche)», volvían a recalcar desde Cibeles, con la mente clavada en esos desembalses que, por primera vez en muchos años, están provocando desvelos en algunos puntos de la capital. También en muchos lugares próximos a los ríos de la región. «Nunca habíamos vivido algo similar», repetían como una letanía, cruzando los dedos para que la cosa no pase a mayores y puedan recuperar la calma, tras este tempestuoso marzo que será recordado en Madrid durante muchos años. Ahora lo que toca es no bajar la guardia.