Hace un siglo, en la bulliciosa Atenas los funcionarios públicos lograron que sus empleos fueran de por vida después de años de protesta contra el antiguo sistema en el que podían ser despedidos a placer. Sus demandas se concentraban en la céntrica Plaza Klafthmonos, a la que desde entonces se conoce también como plaza de las lágrimas. La historia se repitió en 2011, cuando los socialistas de PASOK intentaban salvar al país con recortes en el sector público y los funcionarios volvieron a tomar la plaza.
Hoy, Grecia ha dejado atrás la crisis y las protestas, y se encuentra en vísperas de las elecciones más estables que ha tenido en años. En Klafthmonos se concentran estos días los stands políticos de la izquierda griega. Cada uno en una punta, separados por metros de distancia; divididos, pero en el mismo espacio. Si las encuestas aciertan, Nueva Democracia será el vencedor de los comicios del domingo, seguido de Syriza. Gracias al nuevo sistema proporcional que regirá las elecciones, es muy complicado que los conservadores de Kyriakos Mitsotakis alcancen la mayoría absoluta, por lo que se abren dos escenarios: o un gobierno de coalición, algo que no está en el ADN político griego, o segundas elecciones en julio.
Al premier Mitsotakis solo le saldrían los números si el PASOK (tercera fuerza) obtuviera un 10% o más de los votos, un porcentaje que le daría a los socialistas la llave para formar gobierno, si es que se deciden a dialogar con alguno de los dos grandes partidos. Mientras, su líder, Nikos Androulakis, carga contra ambos y afirma que "Tsipras baila el tango con Mitsotakis".
El líder de Syriza, por su parte, tiende puentes a una "gran coalición progresista" con PASOK, los comunistas de KKE y MeRA25, el partido de su ex ministro de Economía, el siempre polémico Yanis Varoufakis. "El problema es que no pueden cooperar porque tienen muchos partidos diferentes. Tsipras se ha moderado y ahora es un político claramente proeuropeo. Los comunistas y MeRA25 no simpatizan con la UE ni con la OTAN. Y PASOK dice que no quiere ni a Tsipras ni a Mitsotakis en el puesto de primer ministro", señala George Tzogopoulos, investigador de la Fundación Helénica para la Política Europea y Exterior. El galimatías de la izquierda griega es el tema principal en la plaza de las lágrimas.
Georgios, de 25 años, no pierde la esperanza de ver a Tsipras convertido de nuevo en primer ministro. Está de permiso mientras hace la mili, obligatoria en el país, y reparte panfletos de Syriza a un lado de la plaza. "El liberalismo no está funcionando. Nueva Democracia es uno de los partidos más corruptos de los últimos tiempos, pone a sus amigos en puestos de responsabilidad, no hay meritocracia, espían a los ciudadanos y a sus propios ministros", acusa refiriéndose al escándalo de las escuchas del Gobierno que ha servido de principal arma arrojadiza de la oposición contra Mitsotakis. "El programa de Syriza puede ayudar al ciudadano medio, ofrece salidas a un sistema que les oprime. Creo que es absolutamente posible una coalición de izquierda. Y es una gran oportunidad para ver si la cultura política griega está preparada para cambiar a algo más europeo. Ese es nuestro objetivo, estar menos polarizados y poder cooperar", asegura.
Entonces Georgios mira de soslayo al centro de la plaza, hacia el stand de PASOK: "El día antes y el día después de las elecciones son muy diferentes. Las cosas que uno dice pueden cambiar después. Si no colaboran van a estrellarse. Si no quieren pactar y vamos a segundas elecciones, es sabido que los partidos pequeños no salen bien parados".
Al otro lado de la calle Stadiou que cruza la plaza está la respuesta de los votantes socialistas, en un stand más modesto y menos concurrido que el de Syriza. "Espero que la izquierda pueda unirse. Creemos que PASOK esta vez tendrá un gran resultado, de dos dígitos. Sobre si negociaremos con Syriza, quién sabe, si conseguimos una agenda común...", deja en el aire una simpatizante de 60 años, que prefiere no dar su nombre.
Unos metros más arriba, la sonrisa de Varoufakis empapela farolas y marquesinas. Un grupo de jóvenes se ocupa del stand mientras beben unas cervezas. Anetta tiene 26 años, es abogada y votante de MeRA25: "Varoufakis analiza bien cómo funciona el capitalismo en Grecia. Y cómo los trabajadores no tienen dinero por culpa del Gobierno. Hay pobreza en todas partes y la gente pierde su casa por culpa de los bancos. No hay ninguna posibilidad de que formemos un gobierno de coalición porque Syriza ya no es un partido de izquierdas, representa los intereses de los ricos. Firmaron el memorándum a pesar del referéndum y no lo olvidamos".
Anetta, como muchos jóvenes y ex votantes de Syriza, aún guarda rencor a Tsipras por sus acciones como premier. No le perdona que se plegara a la Troika, pese a la voluntad del pueblo griego de no aceptar un nuevo paquete de medidas de austeridad. Nikos, de 31 años, también cree que "Tsipras dice una cosa y cuando es elegido no cumple". Tiene claro que votará por el Partido Comunista Griego (KKE) antes que por Syriza: "Me gusta la honestidad del KKE, no estoy de acuerdo en todo, pero al menos son honestos. Si dicen que no van a participar en un gobierno de coalición no lo harán. Tsipras en 2015 formó gobierno con un partido de ultraderecha".
Aún con todo, el hombre que lideró la 'revolución' y mantuvo una relación de alto voltaje con la 'Dama de Hierro' de Europa, Angela Merkel, confía en que el domingo "Grecia pasará página y pondrá fin al régimen de las injusticias", como aseguró el jueves durante su último mitin en Atenas, en la Plaza Syntagma. El periodista griego y experto en política europea, John Papageorgiou discrepa: "El poder de Tsipras es ser líder de la oposición, no le dan las matemáticas para gobernar. Su objetivo es mantenerse segundo y esperar a volver al poder en algún momento. Mitsotakis se encuentra ante una oposición débil y sin narrativa. Y la gente no quiere solo promesas, sino saber cómo cumplirlas. Los griegos no han aprendido todas las lecciones de la crisis, pero al menos ahora los votantes distinguen entre lo que es realista y lo que no".
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